¡PONLE FRENO AL ENVEJECIMIENTO!


Los procesos de glicación y oxidación en el envejecimiento de la piel


El envejecimiento de la piel se produce a través de un complejo mecanismo en el que intervienen factores tanto exógenos (polución, radiación solar, humo de tabaco, alcohol…) como endógenos (causas genéticas, ciertas enfermedades, hábitos alimenticios…), por lo que todos estos factores influyen en el aspecto de nuestra piel.
Dentro de ese complejo mecanismo que hemos mencionado hay dos procesos que intervienen de forma muy directa. Estos son la glicación (en términos dermatológicos se entiende como una reacción espontánea de la glucosa sanguínea con las fibras dérmicas de colágeno y elastina) que favorece el envejecimiento a través de la degradación tisular, y la oxidación, que produce degeneración celular.
El ambiente que nos rodea genera radicales libres que producen daño sobre nuestra piel con distintos niveles de gravedad. Las fibras de colágeno y elastina, los lípidos de la membrana celular o el ADN pueden dañarse provocando alteraciones.
Los radicales libres son un tipo de metabolitos reactivos que son producidos naturalmente en el cuerpo como resultado del metabolismo normal y la producción de energía. Esta es la respuesta biológica natural a las toxinas ambientales como el humo del cigarro, la luz solar, los químicos…Nuestro cuerpo también produce radicales libres cuando hacemos ejercicio y cuando hay inflamación en cualquier parte de este por lo tanto el frio, la contaminación, el estrés, la falta de sueño, la radiación solar, el tabaco, las bebidas alcohólicas...son algunos de los factores que influyen en el aspecto de nuestra piel.
¿Qué podemos hacer para disminuir y frenar el daño?
Para dar respuesta a esta pregunta debemos definir que es un antioxidante.
En el sentido más amplio de la palabra, se denomina antioxidante a cualquier molécula capaz de prevenir o retardar la oxidación (pérdida de uno o más electrones) de otras moléculas mediante la neutralización de los radicales libres.

En el caso de la piel los procesos de oxidación son responsables de gran parte del envejecimiento y por este motivo resulta de suma importancia incorporar en nuestra rutina cosmética diaria un antioxidante que bloquee los radicales libres además de actuar como elementos complementarios en la fotoprotección solar.
Para conseguir el efecto deseado, lo mejor es buscar su aplicación tópica -en forma de sérum o crema, ya que incorporados de forma oral no son capaces de realizar estas
funciones.

Los antioxidantes se caracterizan por ser productos seguros que podemos usar durante todo el año, incluido verano debido a que no son fotosensibilizantes y no van a producir ningún tipo de mancha sobre la piel, además pueden ser utilizados a cualquier edad y a diferencia de otros activos cosméticos no existe inconveniente en aplicarlos durante el embarazo o la lactancia.

Como ejemplo de antioxidante uno de los más conocidos y cuya acción resulta más eficaz son las vitaminas C, E o el resveratrol.
Estas sustancias consiguen neutralizar radicales libres, minimizar signos de fatiga, falta de luminosidad y mejorar arrugas finas.

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