Los 3 crímenes que cometemos limpiando la piel.

Usar el jabón como un desmaquillante. Limpiando la cara con el jabón afectamos nuestra barrera lipídica de la piel. Después de limpiarse la piel con el jabón la piel esta tirante, seca. Es cierto, la piel está limpia, pero también es más vulnerable a las infecciones y la contaminación. El escozor, el ardor y la irritación, que sentimos después de lavarse la cara, son una señal que, en realidad, estamos haciendo daño a nuestra piel. Por eso en mi opinión se debería prohibir la venta del jabón como limpiador facial.

Otro de los crímenes que cometemos en nuestra piel es usar las toallitas.
Tampoco son una buena solución para limpiar la piel. No ejercen la función limpiadora de la suciedad a nivel de los poros, pero sí que pueden irritar la piel por la fracción.  Son productos de higiene, no de tratamiento.  Además, la limpieza que hacen es superficial. No son convenientes para todo tipo de pieles. Aumentan el riesgo de alergia por los conservantes, alcohol y fragancias que se le añaden a la toallita. Pueden dejar los residuos de conservantes, tensioactivos y emulsionantes por encima de nuestra piel que a la larga puede provocar sequedad e irritación.

Por eso aclarar la piel después de usar la toallita desmaquillante debería ser obligatorio.

Las toallas son una solución que puede servir puntualmente, cuando no tenemos el acceso a un producto desmaqillante.

El ultimo crimen: tan de moda la doble limpieza. 

La doble limpieza consiste en utilizar dos productos: uno con base grasa (aceite, manteca, leche) y otro en base de agua (jabón, gel, etc.) en la rutina diaria.

Como ya hemos comentado antes - elegimos el producto desmaquillante según las características y necesidades de nuestra piel por lo tanto no es necesario hacer doble limpieza.

No son iguales las necesidades de una piel grasa, que las de una piel mixta o una sensible. Y aunque no le demos importancia, una limpieza inadecuada de la piel de nuestro rostro puede provocar la aparición de problemas en el cutis o agravar los ya existentes. Por ejemplo, si limpiamos una piel sensible con un jabón normal podemos dar lugar a una irritación. O si limpiamos una piel mixta con un aceite pueden aparecer los granitos.

La doble limpieza podría desequilibrar la barrera protectora de la piel y en efecto irritarla. No es conveniente y innecesaria.

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